Sensaciones de viaje: el frío de Chicago

El frío de Chicago

Hoy te presento el primer artículo de una serie de artículos un poco diferentes, fuera de los consejos de viaje que suelo dar en este blog. Te dejo el relato de una sensación de viaje: el frío de Chicago. Hoy decidí hablarte de lo que no se habla durante un viaje, pero que se vive, sensaciones que hacen tan único cada viaje.

El frío de Chicago 

Lo conté en un artículo de este blog (que de hecho, es EL artículo más leído y uno de mis favoritos): mi primer viaje a Chicago fue en invierno, entre Navidad y Año Nuevo. En esa época, vivía en México y al buscar un destino para las vacaciones, encontré vuelos baratos a la tercera ciudad más poblada de Estados Unidos. Lo que no sabía, es que Chicago está muy al Norte, al lado del Lago Michigan y que es conocida como « La Ciudad de los Vientos » (por algo será…). 

Frío de Chicago - The Bean

Una vez comprado el vuelo, reservo el hotel y me pongo a buscar atractivos, lugares por conocer, bares y restaurantes… Fue cuando descubrí las temperaturas promedias en Chicago en invierno y… ¡vaya sorpresa! En diciembre/enero, las temperaturas suelen estar entre 5 y -15 grados. 

Tampoco me preocupé mucho: el pueblo donde crecí en Francia es bastante frío en invierno, suele nevar varias veces y las temperaturas alcanzan unos -5 grados fácilmente. Todos dicen: -5 o -15 se siente igual, ¿verdad? 

Entonces me preparo con ropa térmica, abrigo de ski, guantes, gorra, bufanda… y a viajar. 

No voy a dejarte con la duda más tiempo: durante este viaje, tuve una sensación de frío como nunca había tenido. Al llegar, sentí que hacía bastante frío pero planeé días de visita de museos, entonces no sufrí tanto. Sin embargo, el tercer día del viaje, desperté en una ciudad blanca, había nevado toda la noche. Fue una sensación mágica: ver una ciudad totalmente cambiada, congelada, donde parece que paró el tiempo. 

Ese día, las temperaturas bajaron a -21 grados. Y créeme: -21 es muy diferente de -5. Desde el centro de Chicago, decidí ir a visitar un parque (que buena idea ¿no?). Según Google Maps, estaba a 25 minutos caminando lo cual, para mi que me gusta caminar cuando viajo, no es nada. Entonces decido ir caminando y elijo el camino que sigue el Lago Michigan para tener las mejores vistas durante el camino (otra buena idea…). 

A los pocos minutos de caminar, empecé a sentir literalmente que mis huesos se estaban congelando. No te hablo de tener frío, te hablo de sentir tus huesos y el frío entrar por cada rincón de tu piel hasta el hueso. En mi cara, el viento frío de Chicago me congelaba las mejillas y sentí mi cabello más duro, congelándose. 

Hacía sol a pesar de todo, entonces imagíname: gorro, bufanda arriba de la nariz para poder calentarme con la respiración y que no tenga piel sin ropa y gafas de sol. Hubo un momento cuando respiré más fuerte y se me llenaron las gafas de vaho. Después de unos segundos, vi que no se iba el vaho entonces decidí quitarme las gafas para quitarlo y… ¡sorpresa! El vaho de mi respiración se había congelado en mi gafas, ¡literalmente! 

Frío de Chicago, vista

Para no morirme de frío, decidí parar a comprar un café. Estaba tan caliente que me quemaba las manos, pero era lo que necesitaba para calentar. Tomé un trago, y al sentirlo tan caliente, decidí retomar mi camino e irlo tomando caminando. ¿Puedes creer que, después de 1 minuto, ya estaba frío? Entonces por favor, si vas a Chicago en invierno, toma el tiempo de tomar tu café caliente adentro de la cafetería para poder tomarlo caliente. 

Al final, no lamento para nada haber viajado a Chicago en esas fechas. El frío hizo este viaje tan único, tan memorable. No por nada, Chicago es mi ciudad favorita de Estados Unidos, a la que podría volver en cualquier temporada (y de hecho, volví en primavera). Hay que viajar preparado para el frío pero ver la ciudad nevada, vivir sensaciones desconocidas y poder recordarlo y contarlo no tiene precio. 

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